Paukartampu se estrenó con 14 espectadores en abril y con una inversión tan alta como arriesgada para una ciudad sin teatro ni cine. Siete meses después ha sido vista por 20 mil espectadores. Junto con la renovada gastronomía, este espectáculo compelmentó el circuito cultural de la ciudad imperial
POR Roxabel Ramón, Cusco.
Las luces se apagan en el teatro Garcilaso para que los colores lexagerados del mundo andino secuestren al público y su música lo transporte a esa descontrolada fiesta que Paucartambo le ofrece cada mes de julio a la Virgen del Carmen.
La celebración se compone de deidades deseadas y diablos traviesos; plegarias y borrachera; cantos quechuas, danzas coloniales y despilfarro general. Inspirada en esa religiosidad sensorial y sin discursos, la obra “Paukartampu” mezcla teatro, circo y video, y, sin usar diálogos, somete por completo a un auditorio tan heterogéneo como la obra misma. Locales, nacionales y extranjeros -para usar la tipología favorita del comerciante cusqueño- la aplauden de pie cada noche.
Un turista de cámaras al cuello y una pareja de panaderos de Oropeza son los personajes que nos introducen en la historia. Ellos llegan a Paucartambo en la víspera de la fiesta y pronto se ven envueltos en un mundo al revés, donde la llama es más grande que el caballo y el toro ha sido adaptado al mundo andino y, por tanto, se burla del torero. Sus aventuras se expresan con actuación, acrobacias, danza y mímica.
También el público participa desde las butacas o sobre el escenario. La bullanga circense cesa cuando hace su ingreso sobre andas la Mamacha Carmen. Y el desconcierto llega con el encuentro entre la Virgen mestiza y la momia prehispánica, a la que se venera solapadamente.
Entre los 40 actores, hay tres cusqueños, un guatemalteco y un estadounidense; el resto proviene de Lima. Seis de los acróbatas forjaron su talento en los arenales de Villa El Salvador, y eso es garantía de calidad. Bajo la dirección del mimo César Aedo, dan vida a un espectáculo que se ha mantenido siete meses consecutivos en la escena cusqueña. De lunes a sábado. Y muchas veces a sala llena. Los principales hoteles y restaurantes de la ciudad lo empezaron a recomendar y algunas agencias hasta lo incluyen en sus paquetes turísticos.
MADE IN CUSCO “Nuestro espectáculo está al nivel del Cirque du Soleil”, le gusta presumir a Aedo. Asegura que muchos turistas se lo han declarado. El mimo pasó 22 años fuera del país. En Francia fue discípulo de Marcel Marceau y en EE.UU. se hizo conocido por la obra “El vuelo del cóndor”. Cierto idealismo creció con la nostalgia por la patria y entonces trajo esa obra a Lima. Pero si iba a empezar de nuevo en el país, tenía que hacerlo desde adentro.
“Cusco tenía cosmopolitismo y tradiciones riquísimas. Pero al principio el rechazo fue chocante”, cuenta. Las autoridades de la Ciudad Imperial no le permitieron instalar su carpa y ninguna empresa le brindó auspicio.
Pero la joven compañía Kusikay ya presentaba la obra “Chaska” en el teatro—cine Garcilaso, un local que acababa de recuperar de manos de una iglesia evangélica, un pinball y un cine porno. La coincidencia se produjo y Paukartampu se estrenó con una inversión tan alta como arriesgada, y con la complicidad de artistas jóvenes. “¡Nunca más 14 espectadores!”, les grita Aedo a sus chicos al final de la obra, un lunes cualquiera. Y es que el día del estreno solamente vendieron 14 entradas.
Hoy “Paukartampu” ya ha sido vista por unas 20 mil personas, la mitad turistas. Y Aedo ha recibido varias propuestas de Lima para la temporada de verano. Desde Asia hasta el Parque de las Aguas. “Estamos evaluando qué lugar de la capital nos acogería mejor”, dice con modestia. En Cusco se quedan solo hasta mañana. Los vamos a extrañar.
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