Si durante siglos fueron mudos testigos de esta ciudad cambiante, hoy los balcones de Lima denuncian a gritos la dejadez de autoridades y la indiferencia ciudadana. Solo en el Centro Histórico, 320 de esas balaustradas coloniales o de principios de la República, amenazan con desprenderse de la frágil quincha que penosamente los sostiene.
En la cuadra 3 del Jr. Ica, piezas encajonadas tienen la madera tan carcomida que en sus bases anidan palomas, como ratas aéreas. La inquilina Jessica Verimendi acepta que son un riesgo para los transeúntes. "El INC me multaría si solo intentase barnizarlos", comenta. Contradictoriamente, la Municipalidad de Lima le exige repararlos. "Me han pedido que compre los materiales, pero no tengo tanto dinero", protesta. Ella tendría que desembolsar entre US$10 mil y US$20 mil.
A unas calles, en la 3 del Jr. Callao, un balcón de antepecho labrado se sostiene desde hace tres años por puntales que invaden la acera. La municipalidad le donó el predio -en ese estado- a la Asociación de Reporteros Gráficos y Camarógrafos del Perú. En Caylloma 304, propiedad de la Beneficencia, listones podridos de cedro cuelgan de un balcón llano abierto con la baranda rota. Dos niños juegan allí, junto a ropas de color que se secan en smog.
Ver un poco de historia sobre nuestros balcones:
INDECI PIDE SOLUCIÓN YA
Aunque el INC prohíbe intervenir esos balcones, James Atkins, jefe regional del Indeci, es más radical: "No vamos a esperar muertes para que el INC, la municipalidad y los propietarios se pongan de acuerdo. Los balcones que están por caerse deben ser retirados ya". Advierte que ante un sismo, digamos, 7.9, decenas de balcones se desplomarían en Lima.
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